Realmente que soy muy malo para esto. Pasan días, semanas, meses y eternidades de existencia viva y plena; y aún así me siento incapaz de expresar novedad, sentimiento y; por supuesto, sentido. Lo del sentido realmente no me interesa; y no porque guste del caos de lo aleatorio y el nihilismo de un universo destructivo. Simplemente porque el sentido es tan personal como la realidad misma. (Y ojo porque realidad y verdad no es lo mismo).
Pero para cuestiones existenciales ya vendrán otros escritos. La verdad que lo único que hago es escribir lo que se presenta ante mí. Las palabras de una corriente de pensamiento sin estructura y con breves destellos de inspiración. La imaginación me abandona en momentos; y cuando vuelve la rechazo.
Y lo hago porque la quiero, no hay más. No la amo… no realmente. No sé mucho del amor; pero si de la imaginación; tal vez por eso me pone un poco nervioso el unir esos dos conceptos. Lamentablemente siempre vienen juntos, de la mano y normalmente haciendo piruetas.
La imaginación es fiel, pero insensata. No sabe escoger sus amistades ni tomar sus decisiones. Y como todo termina por empezar; ella inició un acalorado romance con su pariente… la ilusión. El amor vio su relación con desdén e incluso indiferencia. Porque al final, todos eran amigos, compañeros, entes de la conciencia viva del infinito.
Pero como les decía, nada tenía realmente la coherencia del orden invisible que nos precede. No quiero ahondar en la historia; porque para serles totalmente sincero, realmente no me la sé. Pero lo único que no le puede faltar a un cuento es el final; aunque sea uno de puras mentiras. No que éste lo sea; aunque yo no tengo forma de saber; a mí me lo platicaron. La vida me lo platicó.
Pero ella nunca termina sus historias. Apenas dice una idea y ya comienza otra. Su enfoque es el de un gran y cruel chiste. Cruel… pero lleno de risas. Risas de verdad, de alegría, de nerviosismo, de existencia pura. La risa es existencia pura.
El final muchos de ustedes ya lo conocen; pero para los que no, pues se los cuento. Antes eran tres; ahora rara vez se pueden distinguir los unos de los otros. Pero al tiempo que dieron cuenta que la imaginación era su madre; el amor y la ilusión no se volvieron a separar jamás.
Hay muchas otras cosas por supuesto. Un montón de personajes más. De hecho les diré un secreto. La imaginación sigue siendo y será. Pero esa nueva relación de espejismos y sentimientos aparentemente reales no es más que un pariente lejano y extraño de otro con ese mismo apellido. El sigue caminando, mirando al cielo y respirando el aroma de la tierra. Viaje sin ser visto y aunque muchas veces se queda caminando; los bosques gustan de su compañía.
Pero aquí no hay nada… solamente un cuento más.
