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Thursday, April 9, 2009

El lenguaje: herramienta y limitante

¿Qué tan fácil es expresar lo que realmente vivimos? ¿De qué manera comunicamos nuestras experiencias, conocimientos… y sentimientos? ¿Hasta qué grado nos damos realmente a entender?

Las respuestas generales a lo anterior pueden ser simples, hasta cierto punto. Mediante la utilización del lenguaje, en todas sus formas y modalidades, nos es posible expresar y comunicar una gama casi infinita de información. La facilidad o complejidad de dicha tarea es dependiente de varios factores, incluyendo el contenido de la realidad que se pretende comunicar y las circunstancias en las que se hace.

En sí, el lenguaje es una poderosa herramienta mediante la cual comunicamos nuestra interpretación de la realidad a quienes nos rodean. Mediante su utilización transmitimos esa información que para nosotros es tan evidente. Sin embargo, dentro de su utilidad existen también una gran cantidad de limitantes.

El lenguaje es un medio, en donde las experiencias puras de nuestra realidad toman forma y significación para otros. Más, al llevar a cabo éste proceso, las singularidades y características del conocimiento que se expresa se ven afectadas; y no es aventurado decir que parte de esa realidad se pierde o queda “limitada”.

Lo que comunicamos nunca podrá emular de forma completa la realidad de esa experiencia que se pretende transmitir; sin embargo mediante nuestra intencionalidad delimitamos los puntos calves de dicha experiencia y comunicamos su importancia en términos comprensibles y de una u otra manera, accesibles.

La calidad del mensaje y el grado hasta cual éste da a entender lo que queremos comunicar depende en gran parte de la habilidad del transmisor en cuanto a la utilización del lenguaje. El condensar la realidad experimentada en palabras, signos y gestos es un oficio fino, delicado y casi artístico. Sin embargo, incluso cerca de la perfección, es imposible que éste reproduzca esa realidad sin pérdidas ni limitantes.

No importan cuantas veces intentemos expresar ese cálido sentimiento que nos produce una melodía; esa ira incondicional que sentimos en torno a alguna injusticia; ese hermoso amanecer que presenciamos en las montañas; o esa realización intelectual que por fin alcanzamos… el receptor de nuestro mensaje nunca podrá experimentar exactamente eso que pretendemos comunicar.

Aún así, lo anterior no debe causar desánimo o desazón. Esas son las particularidades del lenguaje, y es por ello que su influencia en la razón, la conciencia y el conocimiento es de tanta importancia para la filosofía en general. Así como sus limitantes han sido muchas veces las causantes de confusión, desacuerdo y caos; su rol y utilidad han permitido el avance del hombre en el ámbito social, cultural, científico y filosófico.

La realidad es mayormente individual; y su percepción e interpretación siempre se encontrarán limitadas. Sin embargo, al entender el rol e influencia de dichas limitantes, como lo es el lenguaje, podemos poco a poco comprender la realidad que nos rodea y aumentar el grado de certidumbre y lucidez que tenemos de ésta.

Friday, March 6, 2009

¿De qué me sirve la filosofía…hoy?

¿Cuál es el rol de la filosofía en la actualidad? ¿Su finalidad, su objetivo, su enfoque? ¿Cómo y a quién sirve y con que propósito?

Las preguntas anteriores son válidas en el pragmático y agitado mundo en el hoy vivimos. Durante siglos, la filosofía ha tratado de responder a las cuestiones generales de la existencia, los valores, la verdad, el conocimiento, el lenguaje; entre otras cosas. Sin embargo, la apatía actual por el pensamiento, las tendencias postmodernas que siguieron al fracaso del idealismo y el gran sentido de relativismo moral hacen que ahora más que nunca se cuestione el rol y la verdadera utilidad de la filosofía actual.

Hoy en día, la idea de una razón universal que permita un progreso moral de la sociedad parece lejana e inalcanzable; y por tanto, se abre un fuerte cuestionamiento con respecto a la relevancia de las aportaciones de la filosofía en la actualidad.

Muchos no dudaran ni un momento en concluir que la filosofía como tal es “inútil”. Que no tiene ningún valor de utilidad y su razón de ser es meramente como una vacío placer del conocimiento. Lo anterior ha sido una constante a lo largo de la historia de esta disciplina. Desde tiempos platónicos se identificaba éste desinterés, ese no tener una finalidad; como una característica de la filosofía.

Si lo anterior es negativo o positivo, es realmente irrelevante. En sí, la filosofía es poner en práctica el oficio de “pensar”. Algunos atribuyen éste pensar al diferenciador clave entre hombres y animales, en el que reside el deber y la grandeza de éste. Es la voluntad de traspasar esa esfera utilitaria la que nos lleva un paso adelante a la hora de asimilar nuestra realidad.

De alguna forma podemos decir que la filosofía “no sirve” como medio para alcanzar una utilidad aplicable y productiva. La sociedad actual nos invita a olvidar éste tipo de conocimiento, nos fuerza de manera sutil a enfocarnos en los medios productivos de conocimiento, en lo aplicable, en la utilizable, lo funcional.

Nos obliga poco a poco a renunciar a ese “pasa tiempo” de pensar. A sacrificar ese rasgo característico de la curiosidad humana y limitarnos a una vida encaminada a producir “bienes” y satisfacer nuestras necesidades inmediatas. Nos lleva de la mano a esa condición “animal” que se cimenta en ese desinterés por la reflexión activa de lo que nos rodea; reflexión que no busca una utilidad inmediata del conocimiento.

La filosofía más que un medio, es un fin, un objetivo, un ideal. Es una disciplina inherente del hombre; la cuál define su naturaleza y encamina esa facultad intelectual que todos tenemos. Su existencia no se encuentra ligada a una utilidad; y probablemente nunca lo éste. Pero eso no significa que sea “inútil” o irrelevante. Simplemente que su condición se encuentra definida por la naturaleza del pensamiento y los mecanismo de éste.

La filosofía no es para los filósofos, si no para el hombre. La reflexión crítica de la vida diaria es muchas veces toda la filosofía que necesitamos en nuestra actual sociedad. Esa lucidez intelectual, ese “estar despierto” en un mundo de sonámbulos, esa “vigilancia” del conocimiento es a veces suficiente para mejorar y servir a éste mundo actual; para mejorarnos y servirnos HOY.