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Monday, May 25, 2009

Dormir es lo que me mueve

Tengo mucho sueño. Simplemente así es. Desde hace ya mucho tiempo he dejado de buscar justificaciones y/o explicaciones lógicas a esa sensación de flojera que hoy me aqueja. Primero porque creo que simplemente no la hay. Hoy dormí cerca de diez horas; lo cual es, sin duda, una cantidad considerable de tiempo. Pero al parecer al viejo Fede no le fue suficiente.

Me encanta dormir, y procuro siempre hacerlo cuando se presenta la oportunidad. Sin embargo tengo un severo problema relacionado con lo anterior. Me encanta la noche. Y pues como me gusta tanto, normalmente prefiero disfrutarla despierto.

Desde muy chico he sido fanático de la fracción nocturna del día. Por cuestiones que desconozco simplemente opero mejor de las 7pm en adelante. De la misma forma, tengo una facilidad increíble para mantenerme alerta y despierto durante amplios períodos de tiempo. Lo cual en combinación ha dado como resultado hábitos de sueño mediocres e incluso un poco nocivos.

En contraparte con lo anterior, es claro para mí que en las mañanas soy inservible. No importa que tanto haya logrado descansar el día anterior; todas mis aptitudes sufren cuando me levanto temprano. Sé que esto no se vería nada bien en una solicitud de empleo, pero es la verdad. Para colmo, mi pasión por el refresco negro ha desarrollado cierto nivel de “inmunidad” a los efectos de la cafeína y el azúcar; de forma que la opción del café no es más que un triste placebo.

Hoy en día me encuentro gozando de una última semana de vacaciones antes de retomar mis responsabilidades con la sociedad. Por dicha cuestión me he dado gusto en cuanto a mis desvelos y sed de sueño. Sin embargo poco a poco el reloj avanza, y el próximo martes estoy casi seguro que tendré que levantarme alrededor de las siete de la mañana. Esas sesiones musicales de la madrugada tendrán que hacer espacio para una dosis de sueño en horas normales.

Será difícil, pero así lo exige el universo. Mientras ese fatídico día llega yo continuaré con mis descarados letargos y aventuras de madrugada.

Wednesday, May 13, 2009

Describiendo

A veces me gusta escribir tan solo para jugar con las palabras. Para divertirme un poco mientras construyo pequeños párrafos con algunos toques de sentido. Hay muchas cosas de las que quiero platicar, pero pocas realmente las que quiero plasmar en un texto.

Probablemente ese sea el detalle… el problema. Eso, y el hecho de que no puedo superar la idea de simplemente “platicar” lo mundano y aburrido de un situación X o Y de la vida diaria. Es cuestión de percepción realmente. Por ahí dicen que no hay existencia más aburrida que la propia. ¿Quién dice? Pues dicen por ahí.

Hay gente que no tiene ese problema y le da vueltas al papalote contando de forma envolvente las mil y una peripecia de su singular vivir. Lo anterior es en parte admirable, con sus debidas reservas. De hecho yo aprecio de vez en cuando el leer la forma creativa en que describen su viaje al súper, la clase aburrida que tuvieron ese día o el raro evento que les tocó vivir en el estacionamiento del centro comercial.

Pero al parecer yo he desarrollado una incapacidad para ver esas chispas de colores en mi propia vida. O simplemente no puedo imaginar que a alguien más le interesaría saber de esos insignificantes detalles de mi diario caminar. Y la dificultad principal no radica en “contar” la historia de forma divertida. Para ello no hay problema. Podría escribir mil palabras llenas de hilarantes estupideces relacionadas con abrir una lata de atún. Sin embargo, no hay nada que me motive a hacerlo.

Dicho lo anterior, no pretendo sonar apático ante la vida en general; para eso ya tenemos suficientes adolescentes egocéntricos. Es simplemente un sentir personal un tanto negativo en cuanto a la actividad descriptiva (risa interna). En pocas palabras, me encanta mi vida, pero me da flojerita platicarla.

Ahora que lo menciono, la “flojera” es un motivador esencial de mi existencia. Puede que por eso le hago yo tanto caso. Y aunque la connotación de la tan temida desidia es principalmente negativa, debo confesar que muchas veces saca lo mejor de mí. Y en otras ocasiones mantiene bajo control lo peorsito.

Y por eso se lo agradezco. Le doy “hartas” gracias por no dejarme describir mi vida y aburrir al universo con las irrelevancias de una efímera existencia. Pero ustedes no se limiten, siempre hay alguien que lo apreciara.